Sábado semana quinta de Cuaresma (8 abril 2017)

De Corazón a corazón: Ez 37,21-28 ("Los congregaré de todas partes… Los purificaré y serán mi pueblo, y yo seré su Dios"); Jn 11,45-56 ("Jesús iba a morir… también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos")

Contemplación, vivencia, misión: Nuestra lógica no entiende por qué Jesús vivió un tiempo tan breve (33 años) y murió como todos. "Tenía que morir" para vencer la muerte y dar sentido a la vida. Una hojita seca caída del árbol ya tiene sentido: la vida es hermosa si se hace donación. Entonces Dios recupera con creces nuestra vida, insertándola en la misma vida de Cristo, quien "murió y resucitó por todos" para que todos "vivan para él" (2Cor 5,15). "El hilo con el que se teje esta historia sacra es la esperanza y su tejedor no es otro que el Espíritu Consolador” (Papa Francisco, 24 enero 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Ella vivió compartiendo la misma suerte (la misma "espada") de Jesús, participando en la vida de quien es "luz de los pueblos" (Lc 2,32). “Mujer de la intercesión (cfr. Jn 2,3), frente a la cruz del Hijo, unida al «discípulo amado», acoge nuevamente la llamada a ser fecunda y a generar vida en la historia de los hombres” (Documento preparatorio Sínodo 2018).

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