Lunes Santo (10 abril 2017)

De Corazón a corazón: Is 42,1-7 ("He aquí mi Siervo… mi elegido en quien se complace mi alma"); Jn 12,1-11 (En Betania: "María… ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos… Jesús dijo: … para el día de mi sepultura")

Contemplación, vivencia, misión: El Padre se complace en Jesús, que desde el seno de María (cuando ella dijo que “sí”) había hecho de su vida una oblación total por nuestro amor: “Vengo para hacer tu voluntad” (Heb 10,7). Quienes se dejan conquistar por la amistad íntima de Jesús, enrolan sus propias vidas es esta misma oblación, concretada en “silencio” contemplativo (cfr. Lc 10,39) y en oferta de sí mismo y de todas sus cosas (cfr. Jn 11,2; 12,1). Esta oblación evangélica no estará nunca de moda y es siempre evangelizadora. “Quien se deja guiar con fe por el Espíritu Santo es capaz dediscernir en cada acontecimiento lo que ocurre entre Dios y la humanidad, reconociendo cómo él mismo, en el escenario dramático de este mundo, está tejiendo la trama de una historia de salvación” (Papa Francisco, 24 enero 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Las manos maternas que envolvieron en pañales al niño Jesús y lo recostaron en un pesebre (cfr. Lc 2,7), son las mismas que le acariciaron, lavaron, cuidaron y acompañaron hasta su muerte y sepultura. La vida de María era itinerario de “Pascua”, para “pasar” con Jesús, de sorpresa en sorpresa, “de este mundo al Padre” (Jn 13,1).

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