DOMINGO DE PASCUA (16 abril 2017)

De Corazón a corazón: Hech 10,34.37-43 (“Jesús de Nazaret… pasó haciendo el bien… Nosotros somos testigos… Dios lo resucitó al tercer día”); Col 3,1-4 (“Habéis resucitado con Cristo… Vuestra vida está oculta con Cristo en Dios… Cristo es vuestra vida”) / 1Cor 5,7 (“Purificaos de la levadura vieja, para ser masa nueva; pues sois ázimos. Porque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado”); Jn 20,1-9 (“El discípulo a quien Jesús amaba… entró en el sepulcro… vio y creyó”)

Contemplación, vivencia, misión: El anuncio de la resurrección de Jesús continúa en la historia humana por medio de sus discípulos (“bautizados”, que viven en Él). Cristiano es quien ha encontrado a Cristo Resucitado, especialmente al escuchar su Palabra y vivir la Eucaristía el “domingo” (“día del Señor resucitado) para ser pan partido entre los hermanos. Para encontrarle en estos signos “pobres”, como en el sepulcro vacío, se necesita la fe del discípulo amado: “Entró,.. vio y creyó”. “La esperanza cristiana es la espera de algo que ya ha sido cumplido y que realmente se realizará para cada uno de nosotros. También nuestra resurrección… por tanto, no es algo que podrá suceder o no, sino que es una realidad cierta, en cuanto está enraizada en el evento de la resurrección de Cristo” (Papa Francisco, 1 febrero 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El discípulo amado “la recibió en su casa” (Jn 19,27), es decir, “en comunión de vida”, en familia. Por esto, también nosotros nos alegramos con ella por la resurrección de Jesús: “Reina del cielo, alégrate… ha resucitado”. Ella sólo se alegra si la dejamos entrar para ayudarnos a creer y resucitar con Cristo, “nuestra vita” (Col 3,3) y “nuestra esperanza” (1Tim 1,1).

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