Martes en octava de Pascua (18 abril 2017)

De Corazón a corazón: Hech 2,36-41 (“A este Jesús que han crucificado, Dios lo ha hecho Señor… Convertíos y bautizaos en el nombre de Jesucristo”); Jn 20,11-18 (Jesús a Magdalena: “Ve a decir a mis hermanos: subo a mi Padre y a vuestro Padre”)

Contemplación, vivencia, misión: La Magdalena fue la primera en anunciar a los discípulos (los “hermanos”) que Cristo había resucitado. Pedro, después de Pentecostés, fue el primero en anunciar a Cristo Resucitado. Ser testigo de Cristo Resucitado, comporta expresar en la propia vida un cambio que sólo puede realizar Dios Amor. Por esto, Pedro (después de encontrar al Señor y recibir el Espíritu Santo) tendrá la audacia de urgir a “abrirse” (convertirse) al proyecto de Dios para “configurarse” (bautizarse) en Cristo por obra del Espíritu Santo. “El alma de esta esperanza es el Espíritu Santo. Sin el Espíritu Santo no se puede tener esperanza” (Papa Francisco, 8 febrero 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Pedro, con los demás discípulos y algunas mujeres (entre ellas, la Magdalena), movidos por la fe y esperanza, se formaron en el Cenáculo para ser testigos coherentes del Resucitado, “orando en sintonía con la Madre de Jesús” (Hech 1,14).

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