Viernes en octava de Pascua (21 abril S. Anselmo)

De Corazón a corazón: Hech 4,1-12 (“No hay otro nombre -Jesús- por el que debamos salvarnos”); Jn 21,1-14 (“Es el Señor… Venid y comed”)

Contemplación, vivencia, misión: La “salvación” es el mismo “Jesús” en persona. Todas las “semillas” salvíficas que Dios ya ha sembrado en corazones y culturas, son “preparación evangélica”, que necesita recibir una nueva gracia para dar el salto a la fe. Pero a Él nada ni nadie le puede suplir como único “Salvador del mundo” (Jn 4,42). Se ha hecho “pan de vida” para todos. A Jesús se le descubre en la bruma del lago, cuando convivimos fraternalmente y somos pan partido para los hermanos; entonces nos curamos de la miopía. “Él regenerará un mundo nuevo y una humanidad nueva, finalmente reconciliada en su amor” (Papa Francisco, 22 febrero 2017)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La Palabra que, ante la mirada de su Madre, “enmudeció” en la cruz, es ahora “pan de vida”. Y todavía conserva “el sabor de la Virgen Madre” (San Juan de Ávila). ¿Quién comulga de verdad? Quien se hace “olor” y “sabor” de Cristo, “pan partido” para todos.

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