Domingo octava de Pascua, Año A (23 abril, Misericordia Divina)

De Corazón a corazón: Hech 2,42-47 (“Vivían unidos y tenían todo en común”); 1Pe 1,3-9 (“Por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo… nos ha regenerado a una esperanza viva”); Jn 20,19-31 (“Como mi Padre me envió, así también os envío yo… les serán perdonados los pecados…Dichosos lo que no han visto y han creído”)

Contemplación, vivencia, misión: Todo “domingo” del año es celebración de la misericordia del Señor: por este amor tierno y materno de Dios somos hijos en el Hijo, en Cristo Resucitado. El gran regalo de Pascua, fue el sacramento del perdón; por esto, su celebración (y su servicio por parte de los ministros) es una experiencia de “gozo pascual”. Así celebramos siempre el gozo de una fe vivida. “En la esperanza sabemos que el Señor quiere sanar definitivamente con su misericordia los corazones heridos y humillado” (Papa Francisco, 22 febrero 2017)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María es Madre de misericordia. "Ha experimentado como nadie la misericordia" y, por esto, puede "llegar a todos aquellos que aceptan más fácilmente el amor misericordioso de una madre" (Juan Pablo II, Dives in Misericordia, n.9).

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