Lunes segunda semana de Pascua (24 abril 2017)

De Corazón a corazón: Hech 4,23-31 (“Quedaron llenos del Espíritu Santo y predicaban la palabra de Dios con audacia”); Jn 3,1-8 (“El que no nazca de agua y de Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús Resucitado nos regala lo mejor que tiene: su misma vida divina como relación de donación al Padre y en el Espíritu Santo. Es la “vida nueva” como “nacimiento nuevo”. Nacemos a esta nueva vida recibiendo la Palabra en el corazón; entonces no hay rebajas en la entrega ni fronteras en la misión. “Una vez más viene en nuestra ayuda el Espíritu Santo, respiro de nuestra esperanza, el cual mantiene vivo el clamor y la espera de nuestro corazón. El Espíritu ve por nosotros más allá de las apariencias negativas del presente y nos revela ya ahora los cielos nuevos y la tierra nueva que el Señor está preparando para la humanidad” (Papa Francisco, 22 febrero 2017)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Viviremos como ella, si aceptamos su “mediación materna”, en “comunión de vida” con ella, cuya “presencia” es “activa y materna”. Esta devoción o “espiritualidad mariana” consiste en imitarla y “dejarla entrar”, para prolongar en nosotros (en la Iglesia) su “nueva maternidad”. Son las directrices de S. Juan Pablo II en su encíclica mariana Redemptoris Mater.

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