Domingo tercero de Pascua (30 abril 2017)

De Corazón a corazón: Hech 2,14.22-33 (“Dios lo resucitó y todos nosotros somos testigos”); 1Pe 1,17-21 (“Habéis sido rescatados con sangre preciosa”); Lc 24,13-35 (“Quédate con nosotros… Partió el pan… Se les abrieron los ojos… Estaba ardiendo nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino”)

Contemplación, vivencia, misión: La dinámica del camino de Emaús refleja nuestro camino como Iglesia peregrina: Jesús se hace presente, habla al corazón contagiándolo de su amor, se hace pan partido para hacernos a nosotros pan partido y testigos de su amor para los hermanos. Nos ha “adquirido” este regalo con su “sangre” (su vida donada en totalidad). Estamos llamados a “forjar una esperanza fuerte, sólida, en el modelo de la Virgen María, que en medio a las tinieblas de la pasión y de la muerte de su Hijo continuó creyendo y esperando en su resurrección, en la victoria del amor de Dios” (Papa Francisco, 1 marzo 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: “María de Nazaret, icono de la Iglesia naciente, es el modelo de cómo cada uno de nosotros está llamado a recibir el don que Jesús hace de sí mismo en la Eucaristía” (Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis, n. 33).

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