Miércoles cuarta semana Pascua (10 mayo, S. Juan de Ávila)

De Corazón a corazón: Hech 12,24-13,5 (“La palabra del Señor crecía y se multiplicaba”); Jn 12,44-50 (“Yo he venido como luz al mundo, para que todo el que crea en mí no quede en tinieblas”)

Contemplación, vivencia, misión: La "Palabra" es el mismo Jesús. Cuando la escuchamos en el corazón, "crece" en nosotros y fecunda toda la humanidad, más allá de las fronteras de la fe. Jesús sigue siendo "la luz" que orienta a todas las personas de buena voluntad. Sin su luz, el error, la mentira y el chantaje campean a sus anchas. “Nuestra esperanza no se apoya en razonamientos, previsiones o cálculos humanos; y se manifiesta ahí donde no hay más esperanza, donde no hay nada más en que esperar, justamente como sucedió con Abraham, ante su muerte inminente y la esterilidad de su mujer Sara” (Papa Francisco, 2 marzo 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: “La palabra del Crucificado al discípulo – a Juan y, por medio de él, a todos los discípulos de Jesús: « Ahí tienes a tu madre » (Jn 19, 27) – se hace de nuevo verdadera en cada generación” (Benedicto XVI, DCe 42) y se actualiza en cada celebración eucarística.

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