Viernes cuarta semana de Pascua (12 mayo 2017)

De Corazón a corazón: Hech 13,26-33 ("A vosotros ha sido enviada esta Palabra de salvación… Dios lo resucitó"); Jn 14,1-6 ("Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí" )

Contemplación, vivencia, misión: Desde que Dios, haciéndose hombre, ha asumido nuestra historia, el camino de la vida humana queda iluminado por su cruz y su resurrección. Sólo en Jesús vemos que Dios ama así: dándose a sí mismo y llevándonos en su Corazón. Nuestra suerte está ligada a la suya. “¡Esta es la paradoja y al mismo tiempo el elemento más fuerte, más alto de nuestra esperanza! Una esperanza fundada en una promesa que del punto de vista humano parece incierta e impredecible, pero que no disminuye ni siquiera ante la muerte, cuando a prometer es el Dios de la Resurrección y de la vida. Esto no lo promete uno cualquiera, ¡no! Quien lo promete, es el Dios de la Resurrección y de la vida” (Papa Francisco 2 marzo 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Meditando como ella las palabras de Jesús, vivimos en sintonía con su "sí" (“fiat”), con su "Magníficat" y con su estar "de pie junto a la cruz". “Después de haber recibido el anuncio del ángel y haber respondido con su «sí» a la llamada para ser madre del Salvador, María se levanta y va de prisa a visitar a su prima Isabel, que está en el sexto mes de embarazo” (Mensaje JM Juventud 2017).

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