Martes sexta semana Pascua (23 mayo 2017)

De Corazón a corazón: Hech 16,22-34 (“Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa”); Sal 138,1; Jn 16,5-11 (“Os conviene que yo me vaya… el Paráclito… os lo enviaré”)

Contemplación, vivencia, misión: En nuestra vida hay una “ausencia”, que sólo la sienten los “enamorados”. Sentimos dolorosamente la “ausencia” de Cristo, porque lo amamos. Pero este amor lo sostiene él, que está presente y resucitado. Su “presencia” parece “ausencia” porque es especial, más allá de nuestro modo de pensar y de sentir. Esta presencia suya sostiene la vida de todo creyente y de todo apóstol. El “gozo” de su presencia es un don de Espíritu Santo, que quiere comunicarse a toda la humanidad. “Nosotros creemos que justamente en el Crucificado nuestra esperanza ha renacido … Es una esperanza diversa de aquellas que se derrumban, de aquellas del mundo” (Papa Francisco, 12 abril 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La fe en la presencia de Cristo, cuando parece ausente, se aprende dejándose sorprender diariamente por su Palabra, su Eucaristía y su Iglesia amada. Somos guiados por el mismo Espíritu Santo que formó a Cristo en el seno de María y que ahora nos transforma en él también con la colaboración materna de María.

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