Miércoles sexta semana de Pascua (24 mayo 2017)

De Corazón a corazón: Hech 17,15.22-18,1 (Areópago: Pablo anuncia al "Dios desconocido" revelado por Jesús resucitado); Jn 16,12-15 (“El Espíritu de la verdad os guiará a la verdad plena… recibirá de lo mío y os lo anunciará”)

Contemplación, vivencia, misión: Predicar a Cristo Resucitado tiene sus riesgos. En el Areópago de Atenas, algunos se mofaron de Pablo. Pero sólo Jesús es el Hijo que ha visto al Padre y que nos lo puede dar a conocer. La búsqueda y el deseo de Dios (o de la trascendencia) está en todos los corazones y en todas las culturas; a veces es búsqueda dolorosa y entre nubarrones. La novedad que aporta Jesús es que Dios viene en busca del hombre; en el misterio de Cristo, muerto y resucitado, se ha desvelado todo el misterio del hombre y de su historia. “Mira la cruz, mira al Cristo Crucificado y de ahí te llegará la esperanza que no desaparece jamás, aquella que dura hasta la vida eterna. Y esta esperanza ha germinado justamente por la fuerza del amor” (Papa Francisco, 12 abril 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El Espíritu Santo, que formó a Jesús en el seno de María, es quien guía a la verdad plena, que es el mismo Jesús como epifanía personal del Padre. Cuando se medita el evangelio con el corazón abierto como el de María (cfr. Lc 2,19.41), Jesús entra como en su propia casa.

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