Lunes semana séptima de Pascua (29 mayo 2017)

De Corazón a corazón: Hech 19,1-8 (“¿Recibisteis el Espíritu Santo?… No hemos oído decir siquiera que exista”); Jn 16,29-33 (“No estoy solo, el Padre está conmigo… ¡Ánimo! Yo he vencido al mundo”)

Contemplación, vivencia, misión: El regalo de Jesús Resucitado es el don del Espíritu Santo, que se recibe con la actitud filial de humildad y confianza. El Espíritu Santo es “el gran desconocido” y marginado por quienes son “autosuficientes”: “Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre… porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños »” (Lc 10,21). "El Espíritu Santo es ayo de niños" (S. Juan de Ávila, Sermón 32).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Recordamos con empatía filial a María en el Cenáculo: "Estuviste en la comunidad de los creyentes que en los días después de la Ascensión oraban unánimes en espera del don del Espíritu Santo (cfr. Hech 1,14), que recibieron el día de Pentecostés… Tú permaneces con los discípulos como madre suya, como Madre de la esperanza” (Benedicto XVI, Spe Salvi 50)

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