Domingo de la Santísima Trinidad, Año A (11 junio 2017)

De Corazón a corazón: Ex 34, 4-6.8-9 ("Descendió el Señor en forma de nube"); 2Cor 13,1-13 ("La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros"); Jn 3,16-18 ("Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único")

Contemplación, vivencia, misión: Dios Amor es siempre más allá. Pero es él mismo quien se nos quiere revelar y comunicar tal como es, en su "nube luminosa". Si de verdad hemos "renacido por el agua y el Espíritu Santo" (Jn 3,5), captaremos que el misterio de Dios Amor es así: "Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único" (Jn 3,16). Dios se ha manifestado como "Amor", porque "ha enviado a su Hijo para que vivamos por él" (1Jn 4,16). Esta "vida" es la "gracia" de vivir insertados en la dinámica de la familia de Dios: en el Espíritu, por Cristo, al Padre. La oración trinitaria de Jesús la puede rezar un niño: “Se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre… porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito»” (Lc 10,21).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María fue la primera en recibir el mensaje trinitario: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios” (Lc 1,35). Y en el seno de María (y en su “sí”) empezó la oración trinitaria de Jesús.

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