Martes semana décima Tiempo Ordinario (13 junio, S. Antonio de Padua)

De Corazón a corazón: 2Cor 1,18-22 ("Decimos por Cristo « amén » a Dios"); Mt 5,13-16 (“Sois la sal de la tierra… la luz del mundo… que glorifiquen a vuestro Padre”)

Contemplación, vivencia, misión: Ser para los demás “luz” de Cristo, no es posible sin dejarle vivir a él en nuestro corazón, para hacer, con él, de la vida un “sí”. El mundo y la historia se transforman no a fuerza de porrazos, sino de una vida escondida que se hace transparencia de Jesús. Cuando la Virgen presentó al niño Jesús en el templo, Simeón lo proclamó “luz para iluminar a las gentes”. La lamparita o el candil que encendía María todas las mañanas para invitar a alabar a Dios, era todo un símbolo de su misma vida: un “sí” a Dios.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Ser "sal" y ser "luz", es posible solo cuando estamos enraizados en el amor de Cristo. “María aparece en los Evangelios como una mujer silenciosa, que a menudo no comprende todo lo que le ocurre alrededor, pero que medita cada palabra y acontecimiento en su corazón” (Papa Francisco 10 mayo 2017). Ella es portadora de la luz.

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