Lunes semana 12ª Tiempo Ordinario (26 junio, S. José Mª Escrivá)

De Corazón a corazón: Gen 12,1-9 ("Vete de tu tierra… y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré…. Abraham marchó"); Mt 7,1-5 ("No juzguéis y no seréis juzgados… con la medida con que midiereis, se os medirá")

Contemplación, vivencia, misión: Cada hermano es una historia de un amor eterno, que empezó y continúa en el corazón de Dios. El “misterio” de Dios, manifestado en Cristo, es “amor que supera toda ciencia” (Ef 3,19). El misterio de la “comunión” incluye también el saberse parte de una familia, donde lo positivo es para compartir, y lo negativo es para conllevar y corregir. El gran descubrimiento de los santos (como gracia especial de Dios) consiste en conocer que somos todos del mismo barro, y que Jesús ha asumido toda nuestra existencia como parte de su misma biografía. Hay que aprender a “salir” de sí mismo y de las propias preferencias, para insertarse en la “comunión” de Dios Amor manifestada y comunicado por Cristo. En la Eucaristía, “Jesús nos toma, “parte” nuestra vida, porque no hay amor sin sacrificio, y la ofrece a los demás, la ofrece a todos” (Papa Francisco, 24 mayo 2017)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La vida de fe de María es más profunda que la de Abraham (cfr. Lc 2,45). A Ella le pidieron adentrarse en la sorpresa de Dios que quiso hacerse hombre en su seno por obra del Espíritu Santo. Al pronunciar con Ella nuestro “sí” (“amén”), el corazón se abre a la esperanza.

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