Miércoles semana 12ª Tiempo Ordinario (28 junio, S. Ireneo)

De Corazón a corazón: Gen 15,1-12.17-18 (La promesa de Dios: "No temas, Abraham, tu recompensa será muy grande"); Mt 7,15-20 (“Por sus frutos los reconoceréis”)

Contemplación, vivencia, misión: El premio que Dios ofrece es Él mismo, su presencia, su pacto de amor. Cuando no se busca otra cosa que al mismo Dios, la vida humana (personal y comunitaria) se hace un reflejo de la suya. Hay vida verdadera si hay donación con alegría. Ser cristiano significa ser destello del mismo Jesús: "Que el nombre de cristiano no parezca como una falsedad, sino que demos testimonio del mismo con nuestra vida" (San Gregorio de Nisa). “La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que nos ha sido dado” (Rom 5,5).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María, en el Magníficat, recuerda las promesas hechas por Dios a Abraham. La esperanza da sentido gozoso al caminar. “Esperar incluso cuando disminuye todo motivo humano para esperar, como fue para Abraham cuando Dios le pidió sacrificar a su único hijo, Isaac, y aún más como fue para la Virgen María bajo la cruz de Jesús” (Papa Francisco, 31 mayo 2017)

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