Domingo 13º Tiempo Ordinario (2 julio 2017)

De Corazón a corazón: 2Re 4,8-11.14-16 (El profeta Eliseo alcanza la fecundidad para la familia que le hospeda); Rom 6,3-4.8-11 (“Por el bautismo… vivamos una vida nueva… Consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús”); Mt 10,37-42 (“Quien os recibe, a mí me recibe… El que no toma su cruz y me sigue detrás, no es digno de mí”)

Contemplación, vivencia, misión: La hospitalidad (aunque en declive) es un valor cultural de todos pueblos. Cada hermano (también callando y obrando) es un “mensajero” de un proyecto de Dios sobre los demás. El discípulo de Cristo está llamado a acogerle como huésped en las personas y acontecimientos. Y el mismo discípulo, por el hecho de “seguir” al Señor, está invitado, como otro Cirineo, a compartir su cruz y la de los hermanos. “El Espíritu Santo no nos hace sólo capaces de tener esperanza, sino también de ser sembradores de esperanza” (Papa Francisco, 31 mayo 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Cuando se recibe a Jesús, se le recibe tal como es: nacido de María. Y cuando se invita a María, como en Caná, llega también el Señor con sus discípulos (cfr. Jn 2,1-2). El camino de la vida discurre de sorpresa en sorpresa.

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