Domingo 16º Tiempo Ordinario (23 julio, Sta. Brígida)

De Corazón a corazón: Sab 12,13.16-19 (“No hay otro Dios que cuide de todos… Colmaste a tus hijos de una feliz esperanza”); Rom 8,26-27 (“No sabemos orar… El Espíritu ora por nosotros con gemidos inenarrables”); Mt 13,24-43 (“El Reino de Dios… buena semilla… grano de mostaza… puñado de levadura”)

Contemplación, vivencia, misión: Al leer los textos evangélicos, caminamos guiados por la mano de nuestro Padre, que nos lleva en su Corazón y que potencia nuestra libertad y responsabilidad. Dios “cuida” de nosotros, en el sentido de que “en todas las cosas interviene Dios para el bien de los que le aman” (Rom 8,28). Siempre queda lugar para la esperanza. Incluso cuando no sabemos orar ni reaccionar amando, el Espíritu Santo hace que oremos y amemos como Jesús. La cuestión consiste en no dejar crecer la cizaña egoísta en medio de esa “buena semilla”.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Desde niño, Jesús vio diariamente cómo María preparaba el pan, poniendo un puñado de levadura en la masa de harina. La Madre de Jesús es la patrona de las cosas pequeñas en nuestro Nazaret cotidiano. “La fe cristiana ¿es también para nosotros ahora una esperanza que transforma y sostiene nuestra vida?” (Spe Salvi, n.10).

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