SANTIAGO APÓSTOL (25 julio 2017)

De Corazón a corazón: Hech 4,33; 5,12.27-33; 12,2 (Martirio de Santiago); 2Cor 4,7-15 (“Llevamos siempre en nuestros cuerpos el morir de Cristo”); Mt 20,20-28 (“Mi cáliz, sí lo beberéis”)

Contemplación, vivencia, misión: “Beber el cáliz” significa correr la misma suerte, compartir la misma vida. Cristo se comparó a un granito de trigo que, sepultado en la tierra, “muere”, aunque, en realidad se transforma en una nueva vida. Santiago fue el primer apóstol de Cristo que dio la vida por él, aunque el primer mártir cristiano había sido San Esteban. Aparentemente todo fue por el capricho y las preferencias de los que llevaban las riendas del momento, como Herodes. Es lo que ocurre en todas las épocas y “culturas”, de un modo o de otro. La vida cristiana es un injerto en la vida de Cristo, para vivir, morir y resucitar con él, amando y perdonando. Juan y Santiago amaron y anunciaron a Cristo con pasión. Al principio del seguimiento evangélico, de modo exagerado (pidiendo que bajara fuego del cielo, buscando los primeros puestos…); pero el Señor los fue limando y les ofreció beber su copa, correr su misma suerte.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Santiago y Juan sintieron la presencia activa y materna de María, que sigue acompañando a todos los redimidos y especialmente a quienes lo han dejado todo por Cristo. Cada uno es una historia peculiar e irrepetible de la presencia de María. Su Corazón, tierno como ninguna madre, no cede a nuestros caprichos (como cedió la madre de los Zebedeos), sino que conoce muy bien nuestro barro y lo transforma en objeto de las misericordias de Dios.

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