Viernes semana 16ª Tiempo Ordinario (28 julio 201)

De Corazón a corazón: Ex 20,1-17 (Mandamientos: “Yo, el Señor, soy tu Dios que te he sacado del país de Egipto”); Mt 13,18-23 (“Lo sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra la comprende… da fruto”)

Contemplación, vivencia, misión: El sembrador es Jesús, la buena semilla es su Palabra, la tierra buena es el corazón bueno… Sólo Dios es bueno y nos ama porque él es bueno, para hacernos a nosotros buenos. No quiere hacernos buenos sin nuestra cooperación. Si él es el Bueno, todo lo creado es bueno, pero el corazón del hombre sólo es bueno cuando refleja el corazón de Dios en la verdad de la donación. Dios es “celoso”, mendigo de nuestro amor. “Sólo su amor nos da la posibilidad de perseverar día a día con toda sobriedad, sin perder el impulso de la esperanza, en un mundo que por su naturaleza es imperfecto” (Spe Salvi, n.31)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El gozo que Jesús encontró en el “corazón bueno” de María (cfr. Lc 2,19.51), lo quiere encontrar en nosotros. Por esto, nos ha dado a su Madre como nuestra. "¿Quién, estudiando a Jesús a la luz del Evangelio… no siente amarlo sobre todas las cosas, no siente su alma arrebatada tras él, y no hace un esfuerzo supremo por imitarle?” (Bta. Mª Inés-Teresa Arias).

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