Martes semana 17ª Tiempo Ordinario (1 agosto, S. Alfonso Mª)

De Corazón a corazón: Ex 33,7-11; 34,5-9.28 (Segunda redacción del Decálogo. “El Señor hablaba a Moisés cara a cara como se habla entre amigos”); Mt 13,36-43 (Explicación de la parábola de la cizaña: “El que tenga oídos, que oiga”)

Contemplación, vivencia, misión: Nuestras vicisitudes humanas reencuentran su rumbo cuando se percibe la presencia de Dios, que nos lleva de la mano respetando y potenciando nuestra libertad. En Cristo, esta presencia es la del “Emmanuel”, “Dios con nosotros”, prefigurado en la “shekinah” (la tienda de caminante en el desierto). Sólo él es la “buena semilla”, que no siempre encuentra “tierra buena” y que frecuentemente es obstaculizada por la “cizaña” de corazones divididos. “Nuestra historia necesita … hombres y mujeres que … se hacen cargo de la fatiga de los demás. Y sin estos hombres y mujeres el mundo no tendría esperanza … Que el Señor nos dé la esperanza de ser santos” (Papa Francisco, 21 junio 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María y José compartieron entre ellos y ahora comparten con nosotros la gracia recibida sobre el nombre de “Jesús” (Salvador: Lc 1,31) como “Emmanuel” (Dios con nosotros: Mt 1,23). “Su reino no es un más allá imaginario, situado en un futuro que nunca llega; su reino está presente allí donde Él es amado y donde su amor nos alcanza” (Spe Salvi, n.31).

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