Dedicación Basílica Sta María la Mayor (5 agosto 2017)

De Corazón a corazón: Ga 4,4-7 (“Nacido de la mujer”); Lc 2,1-7 (“José con María su esposa que estaba encinta”, de camino hacia Belén)

Contemplación, vivencia, misión: Es el primer santuario de occidente dedicado a María como “Madre de Dios” (año 432). De este modo, el Papa Sixto III, quiso conmemorar la definición del concilio de Éfeso (431) y ofrecía a pueblo de Dios una “casa” para convivir con la Madre de Jesús y nuestra y para celebrar con ella la Nueva Alianza. Ya desde entonces, los mosaicos (del siglo V y del siglo XII) son una catequesis que lleva hacia el encuentro con Jesús (“¿quién decís que soy yo?”), guiados por María. Una tradición alude al milagro de la nieve en pleno agosto (“María de las nieves”), pero el título más antiguo (con el de “Madre de Dios”) es el de “María junto al pesebre”. Ahí habían llegado (en el siglo VIII?) los restos del pesebre de Belén.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Lo más importante de todo santuario mariano es la presencia activa y materna de María, que acompaña siempre a la comunidad eclesial y a cada uno de los creyentes en Cristo. “Madre de la esperanza. Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino” (Benedicto XVI, Spe salvi,  n.50)

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