Martes semana 18ª Tiempo Ordinario (8 agosto, Sto Domingo de Guzmán)

De Corazón a corazón: Num 12,1-13 (Aarón y María murmuran contra Moisés); Mt 14,22-36 (“Subió al monte para orar a solas… Soy yo, no temáis… Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”)

Contemplación, vivencia, misión: Dios da en “silencio sonoro” su corazón, su amor, y pide el nuestro. Para escuchar este “silencio” amoroso de Dios, hay que aprender el “silencio” de la oración: es un silencio lleno de su presencia. Quejarse de todos y de todo es la señal de que el corazón está lejos de Dios. El castigo viene del propio corazón dividido, porque Dios propiamente no castiga. En nuestras tempestades, Jesús se deja entrever por medio de nuestra fe vivida. “El que reza nunca está totalmente solo” (Spe Salvi, n.32).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Creer es conocer y adherirse a Cristo, enviado por el Padre, amándole de verdad, dispuestos a servirle en los hermanos. La fe de María, alabada por su prima Isabel, era así (cfr. Lc 1,45)

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