Sábado semana 18ª Tiempo Ordinario (12 agosto 2017)

De Corazón a corazón: Deut 6,4-13 (“Escucha, Israel, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón”); Mt 17,14-20 (“Señor, ten piedad de mi hijo… si tenéis fe como un grano de mostaza…”)

Contemplación, vivencia, misión: A todos llega la ternura materna (“misericordiosa”) de Jesús. Las enfermedades son efecto del primer pecado (“original”) cometido bajo la tentación del espíritu del mal. Pero la paz en el corazón, infundida por Jesús para vivir según el proyecto del Padre, puede producir milagros y momentos providenciales. La mejor curación es la de vivir escuchando y respondiendo al amor. Después de una curación milagrosa o providencial, todavía queda lo mejor: cuando de nuevo llegue la enfermedad y la misma muerte, saber completar a Cristo en su pasión y muerte, sabiendo que él nos acompaña.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La fe confiada de María (y de los santos) no nace de la autosuficiencia, sino del saberse amados por Dios misericordioso tal como somos (cfr. Lc 1,48ss); es la fe  que traspasa las montañas. “Nuestra esperanza es siempre y esencialmente también esperanza para los otros; sólo así es realmente esperanza también para mí” (Spe Salvi, n.48)

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