Domingo 20º Tiempo Ordinario,, Año A (20 agosto, S. Bernardo)

De Corazón a corazón: Is 56,1.6-7 (“Mi casa será casa de oración”); Rom 11,13-15.29-32 (“Los dones y la vocación de Dios son irreversibles”); Mt 15,21-28 (La mujer cananea: “¡Ten piedad de mí, Hijo de David!”)

Contemplación, vivencia, misión: En el corazón de Dios cabemos todos. Cada uno tiene su lugar reservado, en armonía familiar con los demás. La vida es una relación: con Dios, con los demás, con la creación, consigo mismo. Los dones recibidos de Dios son expresión de su amor que nunca pasa. Los templos, las celebraciones y las oraciones son expresiones de esta relación auténtica con Dios, que incluye la relación familiar con los hermanos. Sin esta relación de escucha y donación, la vida no tendría sentido. “Vivir en la esperanza y vivir en la luz, en la luz de Dios Padre, en la luz de Jesús Salvador, en la luz del Espíritu Santo que nos empuja a seguir adelante en la vida” (Papa Francisco. 2 agosto 2017)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Recitando el “Magníficat” con ella, nuestra oración es auténtica porque es humilde (desde la propia realidad), confiada (sabiendo que Dios nos ama) y generosa (de donación y entrega).

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