Virgen Reina (22 agosto 2017)

De Corazón a corazón Is 9,1-6 ("Un niño nos ha nacido… Estará el señorío sobre su hombro"); Lc 1,26-38 ("Vas a dar a luz un hijo… Jesús… su reino no tendrá fin")

Contemplación, vivencia, misión: María es Reina “Madre”: por ser Madre del Rey, por excelencia y por haber colaborado a nuestra redención como “asociada” al Redentor (“Nueva Eva”, según San Ireneo). Su realeza hace más concreta y cercana a nuestro corazón la realeza fundamental de Cristo Mesías Rey, “cuyo reino tendrá fin”. Lo más importante es que Cristo reine en los corazones y en los pueblos: “urge que él reine” (1Cor 15,15). La misión del bautizado consiste en “hacer que todo tenga a Cristo por cabeza” (Ef 1,10). “Los cristianos no están exentos de las tinieblas, externas e internas. No viven fuera del mundo, pero, por la gracia de Cristo recibida en el Bautismo… no sucumben a la noche, sino que esperan la aurora; no son derrotados por la muerte, sino que anhelan el resurgir; no están plegados por el mal, porque confían siempre en las infinitas posibilidades del bien” (Papa Francisco, 2 agosto 2017)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: “Elevada al cielo, es Madre y Reina de todo lo creado. En su cuerpo glorificado, junto con Cristo resucitado, parte de la creación alcanzó toda la plenitud de su hermosura” (Laudato sì, n.241). Decimos a la Virgen Reina: “Soy todo tuyo” para que me enseñes a no anteponer nada al amor de Cristo. Es Madre de nuestra Esperanza que es Jesús. (Ver martes semana 20ª Tiempo Ordinario en Año Litúrgico).

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