Domingo 24º Tiempo Ordinario Año A (17 septiembre 2017)

De Corazón a corazón: Sir 27.30; 28,1-9 (“Perdona la injuria a tu prójimo… te serán perdonados tus pecados”); Rom 14,7-9 (“Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos… somos suyos”); Mt 18,21-35 (“Debías haberte compadecido de tu hermano, como yo me compadecí de ti”)

Contemplación, vivencia, misión: Perdonar es el gesto típicamente cristiano, aunque no resulta fácil practicarlo. La propia experiencia de la misericordia de Dios es el punto de apoyo y de referencia, para descubrir con profunda pena que quienes nos ofenden se hacen una herida ellos mismos: “Debes olvidar la ofensa que has recibido, pero no la herida de tu hermano” (San Agustín). Perdonar es un acto de agradecimiento por la misericordia divina recibida y un acto de caridad hacia el hermano herido. Si nuestra vida no es destello de la vida de Jesús, pierde su sentido y orientación. “Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades. La tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos” (Evangelii Gaudium, n.183).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Ella experimentó más que nadie y de un modo peculiar la misericordia divina. Con su “Magníficat” (ahora proclamado por la Iglesia), ella contagia las bienaventuranzas: “Sed misericordiosos (con ternura materna) como vuestro Padre” (Lc 6,36).

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