Domingo 27º Tiempo Ordinario, Año A (8 octubre 2017)

De Corazón a corazón: Is 5,1-7 ("Una viña tenía mi amigo… pero dio agraces"); Fil 4,6-9 ("En toda ocasión, presentad a Dios vuestra peticiones… Y la paz de Dios que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones"); Mt 21,33-43 ("Un propietario plantó una viña… Les envió a su hijo… Matémosle, quedémonos con su herencia")

Contemplación, vivencia, misión: La “viña” es el símbolo del pueblo amado por Dios; Él es el “viñador”, que cuida cariñosamente de su propiedad familiar. Jesús se comparó a sí mismo con una vid de la que nosotros somos los sarmientos. El Padre, el viñador, quiere que demos mucho fruto de vida nueva en Cristo. Cuando no estamos unidos a Cristo, nos secamos como los sarmientos desgajados de la vid. Los disparates que decimos o cometemos (que son muchos), provienen de vivir al margen del Evangelio. “No te rindas a la noche: recuerda que el primer enemigo por derrotar no está fuera de ti: está dentro. Por lo tanto, no concedas espacio a los pensamientos amargos, oscuros” (Papa Francisco, 20 septiembre 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María, que cuidó cariñosamente de la “Vid” (que es Jesús), cuida ahora de los “sarmientos” (que somos nosotros).

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