Miércoles semana segunda Adviento (13 diciembre. Sta. Lucía)

De Corazón a corazón: Is 40,25-31 ("El Señor reanima al cansado y reconforta al débil"); Mt 11,28-30 ("Venid a mí todos los que estáis cansados y oprimidos, y yo os aliviaré… mi yugo es suave")

Contemplación, vivencia, misión: La gran sorpresa del Evangelio consiste en captar los latidos del Corazón de Cristo. Invita a todos a participar de su misma vida y amor. La debilidad no es una excusa, como tampoco lo es el cansancio y el desánimo. En Él encontramos el fundamento de nuestra confianza inquebrantable en el amor de Dios. En boca de Jesús “todos” significa cada uno sin excepción. Ha venido para todos, “ha muerto por todos” (2Cor 5,14). Nos lleva a todos en su Corazón, pagando, como esposo enamorado (“Redentor”), “por la muchedumbre” (los “muchos”), todo el pueblo (cfr. Mc 10,45), para salvar a todos los pueblos, haciéndose pan partido (cfr. Mt 26,28), “por la vida del mundo” (Jn 6,51). Son vivencias de quien “tiene compasión” (Mt 15,32). En el contexto de san Mateo, son especialmente “los pequeños” (Mt 18,10). “En la Misa nosotros estamos con Jesús, muerto y resucitado y Él nos empuja hacia adelante, a la vida eterna” (Papa Francisco, 22 noviembre 2017)

*Con la Madre de Jesús, Madre del “Pan de vida”: El Señor ha hecho suya nuestra historia, como “yugo” que él, al asumirlo (como la cruz sobre sus hombros: Jn 19,17), lo ha suavizado para nosotros. El “yugo” es “suave” cuando podemos decir, unidos a él, “mi peso es el amor” (San Agustín). Es el “yugo” que compartió con su Madre y nuestra, para hacérnoslo más suave.

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