Jueves semana segunda Adviento (14 diciembre, S. Juan de la Cruz)

De Corazón a corazón: Is 41,13-20 ("No temas, yo te ayudo… Convertiré la tierra árida en hontanar de aguas"); Mt 11,11-15 ("Desde los días de Juan Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos sufre violencia")

Contemplación, vivencia, misión: Ser mensajero o precursor de Jesús (como Juan Bautista), equivale a correr su mismo riesgo de rechazo. Para que el desierto se convierta en un hontanar de agua, se necesita un cambio profundo. Jesús ha venido y sigue viniendo para comunicarnos esta fuente de agua viva, que es su misma vida divina. Hay que reconocer la propia pobreza y aridez, y sentir la sed del amor que nos falta. Jesús ofrece su agua viva a quienes se reconocen sedientos de vida nueva (cfr. Jn 7,37-38). “La participación en la Eucaristía nos adentra en el misterio pascual de Cristo haciéndonos pasar con Él de la muerte a la vida” (Papa Francisco, 22 noviembre 2017). San Juan de la Cruz lo vivía vaciándose de sí para llenarse de Dios: “Qué bien se yo la fonte que corre y mana, aunque es de noche”.

*Con la Madre de Jesús, Madre del “Pan de vida”: María y José compartieron la misma suerte de Jesús: dejar Nazaret, aventurarse hacia Belén, no encontrar posada, exiliados en Egipto. Pero el mejor premio es ser amados por el Señor y poderle amar. “Diréis que me he perdido, que andando enamorada, me hice perdidiza y fui amada” (S. Juan de la Cruz)

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