Domingo tercero Adviento, Año B (17 diciembre 2017)

De Corazón a corazón: Is 61,1-2.10-11 ("El Espíritu del señor sobre mí… me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres") ; 1Tes 5,16-24 ("Estad siempre alegres… que todo vuestro ser se conserve sin mancha… hasta la venida del Señor"); Jn 1,6-8.19-28 ("Juan… no era la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz… Yo soy la voz… en medio de vosotros está uno a quien no conocéis")

Contemplación, vivencia, misión: Se puede experimentar el gozo de una nueva venida del Señor, en la medida en que se acepta gozosamente su presencia en los signos del hermano y de la Iglesia. No es posible recibir este don (el gozo salvífico) sin insertarse en la vida “pobre” de Jesús en Belén y Nazaret. Quien recibe este gozo, no se lo puede reservar para sí. Es la actitud del Bautista: “Yo soy la voz” (Jn 1,23); “ésta es, pues, mi alegría, que ha alcanzado su plenitud; es preciso que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,29-30). “Jesús nos deja la Eucaristía como memoria cotidiana de la Iglesia, que nos introduce cada vez más en la Pascua (cf. Lc 22,19). La alegría evangelizadora siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida: es una gracia que necesitamos pedir” (Evangelii Gaudium, n.13).

*Con la Madre de Jesús, Madre del “Pan de vida”: El gozo de María, expresado en el saludo a Isabel y en el Magníficat, fue instrumento de santificación para Juan, que sería la “voz” de Cristo, destello del mismo Cristo como “Palabra” definitiva de Dios.

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