Domingo segundo Tiempo Ordinario, Año B (14 enero, Jornada Migraciones)

De Corazón a corazón: 1Sam 3,3-10.19 ("Aquí estoy pues me has llamado… Habla, Señor, que tu siervo escucha"); 1Cor 6,13-15. 17-20 ("Dios resucitó al señor y nos resucitó también a nosotros… Vuestros cuerpos son miembros de Cristo"); Jn 1,35-42 ("¿Qué buscáis?… ¿dónde vives?… Venid y lo veréis… Estuvieron con él")

Contemplación, vivencia, misión: La vida humana se realiza en una respuesta a la llamada de Dios Amor: nos llama a la existencia, a la fe, a la santidad, a la consagración y misión específica. Durante siglos, los amigos de Cristo se han habituado a responder: «¡Habla, Señor, que tu siervo escucha!» (1Sam 3,10). La vocación es una declaración y un examen de amor. La respuesta se hace relación, encuentro, sintonía, convivencia, compartir, donación mutua y total bajo la guía de Espíritu de amor. Pero es Cristo quien primero se hace encontradizo, cercano, hermano, amigo, esposo. “El encuentro dominical con el Señor nos da la fuerza de vivir el hoy con confianza y valentía e ir adelante con esperanza. Por esto los cristianos vamos a encontrar al Señor el domingo, en la celebración eucarística” (Papa Francisco, 13 diciembre 2017).

*Con la Madre de Jesús, Madre del “Pan de vida”: El himno de Ana (madre de Samuel), junto con los salmos, fue inspiración para el Magníficat de María. La respuesta del niño Samuel (“aquí estoy… habla, Señor”) era la lección que se aprendía desde la infancia. María llevó este “sí” a su máxima expresión: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).

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