Domingo sexto Tiempo OrdinarioAño B (11 febrero, Lourdes, JM enfermos)

De Corazón a corazón: Lev 13,1-2.44-46 (Normas sobre los leprosos); 1Cor 10,31-11,1 ("Haced todo por la gloria de Dios… yo soy imitador de Cristo"); Mc 1,40-45 ("Si quieres, puedes curarme… Quiero, queda limpio").

Contemplación, vivencia, misión: Las llagas de la humanidad tienen eco en el corazón de Dios. Es un misterio insondable, que sólo se comienza a intuir a partir de la compasión de Jesús, el Hijo de Dios hecho nuestro hermano y “consorte”. Por esto, la oración humilde y confiada, como la del leproso, abre de par en par el Corazón del Señor. El discìpulo y apóstol de Cristo se convierte en signo de cómo ama él. Las cosas valen según el amor (el “sí” de donación) con que se hacen. “Todo por la gloria de Dios”, decía San Pablo. La “gloria” de Dios Amor somos nosotros cuando vivimos en su amor.

*Con la Madre de Jesús, Madre del “Pan de vida”: Cuando María dijo su “sí” de donación, concibió en su seno al hijo de Dios y cambió la historia. “Las palabras de Jesús (en la cruz) son el origen de la vocación materna de María hacia la humanidad entera … La vocación materna de María, la vocación de cuidar a sus hijos, se transmite a Juan y a toda la Iglesia … A María, Madre de la ternura, queremos confiarle todos los enfermos en el cuerpo y en el espíritu, para que los sostenga en la esperanza” (Mensaje JM Enfermos 2018).

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