Miércoles semana segunda de Pascua (11 abril 2018)

De Corazón a corazón: Hech 5,17-26 (“Id y decid al pueblo todo lo referente a esta nueva vida”); Jn 3,16-21 (“Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único”)

Contemplación, vivencia, misión: Quien se ha dejado conquistar por Cristo, ya no puede prescindir de él. En Jesús, desde Encarnación hasta la cruz, todo es epifanía personal de Dios Amor. Con esta perspectiva, la creación y la historia se insertan en un designio de amor. Es la “nueva vida”. Dios se nos da él mismo en sus dones. Las expresiones pasan, como las flores que se marchitan. La Palabra amorosa de Dios (que es Jesús) ya no pasa. La historia humana es desconcertante. No la dirigen los hombres, aunque a veces la estropean según sus caprichos y preferencias.

* Como la Madre de Jesús, dejarse sorprender y hacer de la vida un “sí”: El  “misterio de Cristo” se abre a quien se deja sorprender en sintonía con el “sí” de María. “A partir del «fiat» de la humilde Esclava del Señor, la humanidad comienza su retorno a Dios” (Pablo VI, Marialis Cultus 28). “Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar” (Papa Francisco, Gaudete et Exsultate, n.177).

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