Viernes semana segunda de Pascua (13 abril 2018)

De Corazón a corazón: Hech 5,34-42 ("Contentos de sufrir ultrajes por el Nombre"); Jn 6,1-15 ("Cinco panes y dos peces")

Contemplación, vivencia, misión: La lógica evangélica es desconcertante. Los Apóstoles se llenan de gozo al poder sufrir por Jesús, con él y como él. La alegría de sufrir por Jesús no nace de una gimnasia interna de narcisismo, sino de recibir con gratitud el regalo de compartir su misma vida. Jesús mismo se hizo "pan partido", ya simbolizado en la multiplicación de los panes y de los peces, pero especialmente en la Eucaristía. Con él se aprende que "hay más alegría en dar que en recibir" (Hech 20,35). El Señor no quiere hacer nada, si no ponemos a su disposición nuestro pequeño todo. De la propia nada, Dios hace maravillas como cantamos en el “Magníficat”.

* Como la Madre de Jesús, dejarse sorprender y hacer de la vida un “sí”: "Por obra del Espíritu Santo nació él de una Virgen, y por obra del mismo Espíritu Santo fecundó también su Iglesia pura, a fin de que, a través del bautismo, dé a luz una multitud innumerable de hijos de Dios" (San León Magno, Sermón 12). “Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña” (Papa Francisco, Gaudete et Exsultate, n.176).

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