Martes semana tercera de Pascua (17 abril 2018)

De Corazón a corazón: Hech 7,51-8,1 (San Esteban: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado"); Jn 6,30-35 ("Yo soy el pan de la vida; el que venga a mí, no tendrá hambre")

Contemplación, vivencia, misión: Las palabras de Jesús son siempre “pan de vida”, como expresión de sí mismo, hecho oblación y “pan de vida” en la Eucaristía. A Jesús no se le comprende, si no es entrando en relación íntima con Él. Creer es “conocerle” aceptándolo con el corazón, dejarse sorprender por Él. Quien encuentra a Jesús, encuentra el sentido de la vida y de la historia, porque la vida es auténtica si se hace donación, amando y perdonando como él. No hay otro modo de ser discípulo suyo. Las “crisis” históricas son crisol que purifica de escorias el oro y la plata.

* Como la Madre de Jesús, dejarse sorprender y hacer de la vida un “sí”: Con ella aprendemos que Cristo es “pan de vida”, el pan de la Virgen Madre: "¿Queréis honrar a la Virgen? Llamadla Madre de Dios humanado" (San Juan de Ávila, Sermón 68). Somos hijos suyos, "hacienda de sus entrañas" (Idem, Sermón 70).

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