ASCENSIÓN DEL SEÑOR (13 mayo, Virgen de Fátima)

Hech 1,1-11 (“Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo… seréis mis testigos… así vendrá”); Ef 4,1-13 (“Este mismo que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos”); Mc 16,15-20 (“Id a todo el mundo… Ellos fueron… el Señor con ellos”)

Contemplación, vivencia, misión: La Ascensión del Señor indica su nueva presencia entre nosotros (cfr. Mac 16,20; Mt 28,20). Nuestra vida está injertada en la misma vida de Cristo. Ya no estamos solos. Ocupamos un puesto peculiar en su Corazón, participando de su misma vida. Él ya comparte con nosotros su glorificación. Quiere seguir construyendo la historia por medio de nosotros, que somos su familia (“Iglesia”), su “complemento”, la visibilidad de su donación. “No pienses que porque se subió a los cielos te tiene olvidado, pues no se puede compadecer en uno amor y olvido. La mejor prenda que tenia te dejó cuando subió allá, que fue el palio de su Carne preciosa en memoria de su amor” (S. Juan de Ávila, Tratado del Amor).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: El Espíritu Santo, que formó a Jesús en el seno de María, nos transforma ahora (en el corazón de María y de la Iglesia) en testigos del nuevo proyecto de Dios Amor: una historia que se construye y se escribe amando a Dios y a todos los hermanos, sembrando día a día solidaridad y gratuidad, para llegar al encuentro definitivo con Cristo glorioso.

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