Miércoles semana séptima de Pascua (16 mayo 2018)

De Corazón a corazón: Hech 20,28-38 (“Os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios… hay más alegría en dar que en recibir”); Jn 17,11-19 (“Como tú me has enviado… yo también los he enviado… por ellos me santifico – me inmolo- a mí mismo”).

Contemplación, vivencia, misión: La vida de los discípulos y apóstoles de Jesús es de donación plena e incondicional como fue la suya. No existe otra “misión” que la misma que él vivió, amasada de donación y gratuidad, guiada por el Espíritu de amor. “No tengas miedo de apuntar más alto, de dejarte amar y liberar por Dios. No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. La santidad no te hace menos humano, porque es el encuentro de tu debilidad con la fuerza de la gracia” (Gaudete et exsultate, n.34).

*Dejarse sorprender para  hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Estos días antes de Pentecostés son días de Cenáculo, en sintonía de oración con María: “En ella, « templo del Espíritu Santo », brilla todo el esplendor de la nueva criatura” (San Juan Pablo II, Vita Consecrata 28).

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