Jueves semana séptima de Pascua (17 mayo 2018)

De Corazón a corazón: Hech 22,30;23,6-11 (“Se me juzga por esperar la resurrección de los muertos… Has dado testimonio de mí”); Jn 17,20-26 (“Como tú Padre en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea… los has amado como a mi… yo estoy en ellos”)

Contemplación, vivencia, misión: Pablo fue siempre un destello de Cristo Resucitado. Su testimonio dejó huella imborrable. Un corazón unificado en el amor a Cristo y una comunidad unificada con Cristo presente, es la garantía de una fe vivida que no hace rebajas a la entrega. El mandato del amor, puesto en práctica en la fraternidad, es un signo eficaz de santificación y de evangelización. “El Espíritu Santo se manifiesta distinto en cada uno, pero nunca distinto de sí mismo” (San Cirilo de Jerusalén). “Se reparte sin sufrir división” (San Basilio Magno).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: En el Cenáculo, preparando la venida del Espíritu Santo, resonaban en el Corazón de María y de la Iglesia, las palabras de Jesús: "Los has amado como a mi… yo estoy en ellos". Era la explicación del encargo recibido en el Calvario: "He aquí a tu hijo… he aquí a tu Madre".

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