Viernes semana séptima de Pascua (18 mayo 2018)

De Corazón a corazón: Hech 25,13-21 (“Jesús… de quien Pablo dice que vive”); Jn 21,15-19 (“¿Me amas más?… Apacienta mis ovejas… Sígueme”)

Contemplación, vivencia, misión: Los Apóstoles vivían pendientes de la presencia real de Cristo resucitado. El resumen de la misión de Pablo consiste en decir: “Jesús vive” (cfr. Hech 25,29). Fue la mejor calificación de su examen.  A Jesús se le ama en la medida en que uno se preocupa por hacerle amar. El pasado, que tiene sus luces y sus sombras, queda diluido y transformado en el Corazón de Cristo Amigo. Pedro aprendió que la vida es un examen de amor incondicional para la misión. “Si nos dejamos guiar por el Espíritu más que por nuestros razonamientos, podemos y debemos buscar al Señor en toda vida humana” (Gaudete et exsultate, n.42).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: El examen de amor para la misión recuerda la declaración de amistad mutua en la Última Cena (cfr. Jn 15). Y el último “sígueme” del Evangelio recuerda el “seguimiento” de Cristo que se hizo efectivo después de Caná, “con su Madre” (Jn 2,12).

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