DOMINGO DE PENTECOSTÉS, Año B (20 mayo 2018)

De Corazón a corazón:Hech 2,1-11 (“Todos quedaron llenos del Espíritu Santo… Todos oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”); Gal 5,16-25 (“Si vivimos según el Espíritu, caminemos según el Espíritu”); Jn 15,26-27 (“El Espíritu Santo… dará testimonio de mí”); 16,12-15 (“Tomará de lo mío y os lo anunciará”)

Contemplación, vivencia, misión: En el cenáculo con María, “todos quedaron llenos del Espíritu Santo” (Hech 2,4). Cada uno tiene carisma y misión diferente; pero todo queda en familia, en “comunión de los santos”, como vasos comunicantes. Lo importante es ser coherentes con los carismas recibidos: vivir, caminar, compartir. Desde el día del bautismo, el Espíritu realiza en nosotros la configuración con Cristo, que debe desarrollarse durante toda la vida: compartir su misma vida y misión. “Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar” (Gaudete et exsultate, n.177).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Por recibir el Espíritu Santo, la Iglesia se hace madre como María; la Encarnación y Pentecostés se armonizan, desplegando las diversas facetas de la maternidad mariana y eclesial. María "es muy amiga del Espíritu Santo, y Él de ella. En sus entrañas el incomprensible cupo… y esto todo por obra del Espíritu Santo" (S. Juan de Ávila, Sermón 30).

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