Sábado semana séptima Tiempo Ordinario (26 mayo 2018)

De Corazón a corazón: Sant 5,13-20 (Unción de un enfermo: "Los presbíteros oren sobre él y le unjan con el óleo en el nombre del señor. La oración de la fe salvará al enfermo"); Mc 10,13-16 ("Dejad que los niños vengan a mí… de los que son como ellos es el Reino de los cielos")

Contemplación, vivencia, misión: Los predilectos de Jesús son siempre los pequeños, los pobres, los enfermos y todos cuantos necesiten de su compasión y perdón. Es una predilección que no excluye a nadie, porque todos somos de barro quebradizo. La cuestión es reconocer la propia realidad y aceptarla para transformarla. La curación es siempre posible, sobre todo en el corazón. Abriéndose a las necesidades de los demás, desde Cristo, se curan muchas enfermedades reales o imaginarias. Un corazón que reconoce su pecado o su pobreza, se abre al perdón, a la paz y al gozo de reencontrar el sentido de la vida.

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: María acompañó durante tres meses a su prima Santa Isabel mientras gestaba a quien sería el Precursor. “Cuántos cristianos dan la vida por amor: ayudan a tanta gente a curarse o a morir en paz en precarios hospitales… o se desgastan en la educación de niños y jóvenes, o cuidan ancianos abandonados” (Evangelii Gaudium, n.76)

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