Sábado semana octava Tiempo Ordinario (2 junio 2018)

De Corazón a corazón: Jud 1,17-25 (“Orando en el Espíritu Santo, manteneos en el amor de Dios”); Sal 63,2; Mc 11,27-33 (Jesús “paseaba por el templo… ¿quién te ha dado tal autoridad?”)

Contemplación, vivencia, misión: Para un cristiano, orar es dejar que Jesús viva en nuestro corazón diciendo: “Padre nuestro”, “sí, Padre”, “amaos como yo os he amado”. El Espíritu Santo, comunicado por Jesús de parte del Padre, hace posible esta realidad divina y fraterna. Entonces nuestra oración es relación familiar con Dios, presente en la creación, presente por su Hijo hecho nuestro hermano, presente en una historia de salvación, presente en cada ser humano. La vida cristiana, como reflejo de Dios Amor, es auténtica si es relación concretada en donación. “Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos” (Gaudete et exsultate, n.16).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Todo es ya “templo” de Dios, casa y familia de Dios, donde la historia se construye amando. La relación de donación para con los hermanos es la señal que garantiza nuestra relación filial con Dios Amor, por Cristo y en el Espíritu Santo. “Aprendemos a clamar «¡Abba, Padre!» con María, la Madre del Hijo de Dios” (Benedicto XVI, 23.5.2012)

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