CORPUS CHRISTI. Año B (Domingo 3 junio 2018)

De Corazón a corazón: Ex 24,3-8 ("Esta es la sangre de la Alianza"); Heb 9,11-15 ("Penetró en el santuario una vez para siempre… con su propia sangre"); Mc 14,12-16.22-26 ("Tomad, esto es mi cuerpo… Esta es mi sangre")

Contemplación Vivencia Misión: La “sangre” es la vida donada en sacrificio. La primera Alianza se selló con sangre y, por esto, pedía una actitud de respuesta, como un “sí” al proyecto de Dios (cfr. Ex 24). Jesús ha sellado la nueva o definitiva Alianza con su misma sangre, su vida hecha donación de amor, bajo la acción del Espíritu Santo (cfr. Heb 9). La Eucaristía “actualiza” (hace realidad -memoria) todo lo que ha hecho y dicho Jesús, desde la Encarnación hasta la Pascua. Es el “Cordero” que derrama su sangre por nosotros. La vida humana sólo tiene sentido cuando entra en este “desposorio” que Cristo ofrece, como nuevo pacto de amor. Si la Eucaristía no fuera el centro de la vida de la Iglesia, la fuente y la cima de la evangelización, el punto de referencia imprescindible de toda vocación, entonces es que no se habría captado la esencia del cristianismo.

*Con la Madre de Jesús, Madre del “Pan de vida”: Es "el pan de la Virgen". "Ella es la que nos lo guisó, y por ser ella la guisandera se le pega más sabor al manjar" (S. Juan de Ávila, Sermón 41). Cuando la Iglesia se centra en Cristo Eucaristía, muestra su naturaleza “mariana” y “materna”: ser “misterio” de “comunión” fraterna para la “misión” sin fronteras.

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