Domingo décimo Tiempo Ordinario, Año B (10 junio 2018)

De Corazón a corazón: Gén 3,9-15 ("Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo"); 2Cor 4,13-5,1 ("Nos resucitará con Jesús… El hombre interior se va renovando de día en día"); Mc 3,20-35("Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre ")

Contemplación, vivencia, misión: Mejor suerte no nos podía tocar: ser familiares íntimos de Jesús, en la intimidad de su Madre y nuestra. Ella fue siempre fiel a la Palabra y voluntad de Dios. En Ella, Jesús mostró la victoria total sobre el pecado (es la Inmaculada) y sobre la muerte (es la Asunta). El Padre nos ha elegido en Cristo y nos hace partícipes de su resurrección. Todos nuestros días están marcados por el amor de Dios, "que hace salir su sol" como prenda de una vida nueva y definitiva, que ya empieza aquí y ahora. “La santidad consiste en asociarse a la muerte y resurrección del Señor de una manera única y personal, en morir y resucitar constantemente con él” (Gaudete et exsultate, n.20).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: El pecado original (del inicio de la humanidad) ha sido superado con creces por la redención de Cristo. En María, la Inmaculada, se ha cumplido la profecía de Dios en el Paraíso. Con ella por ella, de Cristo recibimos una vida nueva.

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