Domingo 11º Tiempo Ordinario, Año B (17 junio 2018)

De Corazón a corazón: Ez 17,22-24 (“Lo plantaré, echará ramas y dará frutos… hago reverdecer el árbol seco”); 2Cor 5,6-10 ("Llenos de buen ánimo… caminamos en la fe"); Mc 4,26-34 (“El Reino de Dios es como una semilla… como un grano de mostaza”)

Contemplación, vivencia, misión: No hay lugar para el desánimo. El árbol seco puede reverdecer. El camino se abre al caminar. La semilla sembrada, en el corazón y en la sociedad, es el mismo Evangelio, que dará fruto a su tiempo. ¿Cuándo? ¿cómo? ¿en qué medida? No sabemos. ¿Por qué no fiarse de Dios Amor? La obra es suya y sólo quiere nuestra colaboración humilde, confiada y generosa. “Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu, para que eso sea posible, y así tu preciosa misión no se malogrará” (Gaudete et exsultate, n.24).

*Dejarse sorprender y hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: El Señor “a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado” (Mc 4,34). Parece una resonancia de los treinta años de su vida oculta en Nazaret, con María y José. La mirada y el Corazón de María intuían la realidad de Jesús (“el hijo de María”: Mc 6,3) en sus pequeños gestos y e sus palabras.

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