Natividad de S. Juan Bautista (domingo 24 junio 2018)

De Corazón a corazón: Is 49,1-6 (“Desde el seno materno me llamó”); Hech 13,22-26 (“Juan predicó como Precursor”); Lc 1,57-66.80 (“Juan es su nombre”: el Señor ha sido bueno)

Contemplación, vivencia, misión: Desde el seno de nuestra madre, ya empezamos a ser plasmados por el amor de Dios, que nos quiere convertir a todos en un “don” para los demás. Nuestro verdadero “nombre” sólo lo sabe el Señor. Cada día es “cumpleaños” de una gracia o don recibido, que se suma a una herencia familiar, en la “comunión” de los santos. Amar a los hermanos es alegrarse por sus dones recibidos del mismo Dios Amor, Padre de todos. “No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser” (Gaudete et exsultate, n.32.

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: A Juan, el Precursor, le tocó en suerte ser santificado por el Espíritu Santo por medio del saludo de María. Su vida ya no sería más que anuncio y comunicación de Jesús. Cada uno somos un ”don” de Dios, un “pensamiento” de su amor, para realizarnos dándonos a los demás con el reflejo de ese amor divino. Se necesitan “servidores” al estilo de María y del Bautista.

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