Domingo 15º Tiempo Ordinario, Año B (15 julio 2018, S. Buenaventura)

De Corazón a corazón: Am 7,12-15 (“El Señor me tomó de detrás del rebaño, diciéndome: vete, profetiza a mi pueblo”); Ef 1,3-14 (“Nos ha elegido en Cristo antes de la creación del mundo… a ser sus hijos adoptivos”); Mc 6,7-13 (“Los envió de dos en dos… Se fueron a predicar”)

Contemplación, vivencia, misión: Ser visibilidad y ”olor” de Cristo, es el mejor encargo profético. Se necesita dejarlo todo por él, para no ser opacos y estorbos. Hemos sido elegidos y amados eternamente por Dios, para ser “hijos en el Hijo”, expresión de Dios Amor, gracias a la donación sacrificial de Jesús y a la prenda del Espíritu Santo. Vale la pena dejar la chatarra, para transparentar a Cristo y hacer que todos lo reciban y tengan en el centro de su corazón. “Dar y perdonar es intentar reproducir en nuestras vidas un pequeño reflejo de la perfección de Dios, que da y perdona sobreabundantemente … Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad” (Gaudete et exsultate, nn.81-82).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: La misión de Cristo es “itinerante”: el discípulo y apóstol de Cristo se desprende de todo lo que estorba, para ser expresión del modo de vivir del mismo Cristo. El camino hacia la casa de Isabel, hacia Belén, hacia Egipto, de regreso a Nazaret y hacia la Pascua anual, fue el itinerario de María, siempre y en todo portadora de Jesús.

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