TRANSFIGURACION DEL SEÑOR (lunes 6 agosto)

De Corazón a corazón: Dan 7,9-10.13-14 (“Su vestidura blanca como la nieve… como un hijo de hombre”) / 2Pe 1,16-19 (“Escuchamos esta voz estando con él en el monte santo”); (Año B) Mc 9,2-10 ("Es hermoso estar aquí")

Contemplación, vivencia, misión: Parece que esto tenía que haber ocurrido durante toda su vida, desde su vida oculta en Belén y Nazaret. Pero su “transfiguración” fue sólo en el Tabor (y de otro modo en su bautismo), como anunciando el misterio pascual de su muerte y resurrección. La realidad externa de las cosas y de las personas, tal como las vemos, deja entrever, gracias a Jesús, un misterio de amor, que sólo descubriremos escuchando la Palabra de Dios en el corazón: “Éste es mi Hijo amado”, Jesús “ayer, hoy y siempre” (Apo 13,8). “Quien de verdad quiera dar gloria a Dios con su vida, quien realmente anhele santificarse para que su existencia glorifique al Santo, está llamado a obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de misericordia” (Gaudete et exsultate, n.107).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: “Escuchar” no es lo mismo que “oír”. Hay que aprender a admirar, acoger, comprender, acompañar, “meditar en el corazón” como María, para “escuchar”: “Soy yo”, “a mí me lo hicisteis”.

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